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A veces, cuando más necesitas claridad para tomar una decisión importante, alguien intenta ayudarte con consejos de bar. Es raro.

Te voy a contar 3 historias.

Historias corrientes.

No esperes un asombroso caso de superación y supervivencia. Al contrario, lo que vas a ver en esta carta es la experiencia real de 3 personas a las que, como a ti y como a mí, les tocó actuar con decisión en un momento en el que estaban bloqueados mentalmente.

Esto es lo que pasó.

Primera historia Diego

Diego llevaba dando tumbos de trabajo en trabajo desde que salió de la universidad.

Todas esas películas sobre “vivir de tu pasión” le sonaban a cuentos chinos. Sin embargo, cada vez que empezaba en una empresa nueva, sentía una pereza extrema. Desde el primer día, se desesperaba.

Cada poco tiempo cambiaba de empleo, pero pasaba lo mismo: llegaba y se cansaba, llegaba y se cansaba, llegaba y se cansaba…

No tenía ni idea de qué hacer con su vida, así que decidió emprender, por descarte.

Al principio, la motivación y la expectativa de hacer y deshacer bajo sus propias normas sustituyó al agotamiento de trabajar por cuenta ajena.

Pero cuando las vacas empezaron a flaquear, volvió a la misma rutina.

No tenía clientes. No tenía ingresos fijos. Ni siquiera trabajaba de manera constante.

Hablándolo con un viejo amigo de la carrera, este le dijo:

“No sé para qué te metes en estos líos cuando está claro que no es lo tuyo. No todo el mundo vale para emprender. ¿Y si hablo por ti en mi empresa?”

Diego se quedó en blanco.

Por primera vez en mucho tiempo, el agotamiento se solidificó en inseguridad.
Le pesaba en el pecho, en la garganta,
en los hombros…

Volvía a no saber qué hacer con su vida.

Segunda historia Carla

Ya habían discutido otras veces por ese tema.

La mayoría de los roces venían por la convivencia.

Ya sabes: “no has puesto la lavadora” o “no te da por fregar los platos”.

Le había costado mucho dar el paso de vivir juntos y esa falta de interés no ayudaba.

Pero lo que antes era enfado y decepción por sentir que cuidaba a un niño pequeño, en vez de a su pareja, se iba transformando poco a poco en indiferencia voluntaria.

Decía que tenía que “elegir bien sus batallas”.

Si Iván, su novio, buscaba conflicto,
ella oía y callaba.

Claro que, al final, las discusiones por convivencia se tornaron en discusiones por temas más serios.

Su novio le preguntaba constantemente que dónde tenía la cabeza, ni siquiera le miraba cuando hablaban.

Carla se debatía entre decirle la verdad y volver a perder el tiempo y las energías en discutir como adolescentes…

O encogerse de hombros y seguir a lo suyo.

Hasta que el día en el que Iván se olvidó de los rodeos y fue al grano:

“¿Todavía me quieres o solo estás acostumbrada a vivir conmigo?”

Carla me dijo que estuvo apunto de encogerse de hombros en ese momento.

Se contuvo, aunque no supo darle la respuesta que buscaba.

Tercera historia Pedro

Pedro llevaba haciendo malabares entre trabajo, casa y dinero desde principios de año.

Hasta la fecha se habían mantenido, pero cuando amplió el equipo para ver si conseguían aumentar la facturación de la empresa, las cosas empezaron a torcerse.

Se suponía que iba a ser un cambio
para mejor.

Un negocio mejor para llevar una vida mejor.

Aunque eso significara más responsabilidades, estaba dispuesto a dar más de lo que tenía para conseguirlo.

Entonces su mujer se quedó embarazada de su segundo hijo y empezó a reclamarle más tiempo en casa.

No lo entendía.

Se estaba dejando la piel para conseguir algo mejor para la familia, ¿y le pedía más?

Echaba más horas que un reloj y no veía el mismo compromiso en su equipo.

Volvía a casa agotado y no veía el cariño que antes sentía en su familia.

Y, para colmo, la facturación de la empresa no dejaba de caer mientras la carga de trabajo subía como la espuma.

No le salían las cuentas.

El día que perdió a uno de sus mayores clientes, también tuvo en serio encontronazo con su mujer.

Ese mismo día, conduciendo a la oficina,
tuvo su primer ataque de pánico.
El primero de muchos.

Entonces, rompió a llorar como si no hubiera llorado en 30 años. Cuando se tranquilizó, arrancó el coche y volvió al trabajo.

A su vida normal.

Mientras pensaba en esa “vida mejor” con la que llevaba fantaseando tanto tiempo.

¿Qué tienen en común? ¿Qué tienen de especial?

Desde 2014, he reunido más de 4000 horas de sesiones de coaching con cientos de personas diferentes repartidas por más de 40 países por el mundo, cada una con sus historias individuales.

Casi todas ellas tenían algo en común.

Lo mismo que tenían en común Diego, Carla y Pedro cuando los conocí (que, por cierto, no los conocí con esos nombres, pero eso es una cuestión de privacidad que me debo con ellos).

Estaban en una encrucijada. Bloqueados y paralizados.

Estaban ante una situación difícil que les obligaba a tomar decisiones difíciles.

Incluso puede que tú también te hayas visto en una situación
parecida últimamente.

La realidad es que, número arriba o número abajo, un 99% de la población no tiene ni idea de qué hacer con su vida el 99% del tiempo.

(Como ves, no soy experto en estadística, pero sí en resultados. Por eso, sé de buena mano lo extendido que está este patrón: me lo encuentro cada día en esta profesión.)

El problema no está en sentirte atascado con algún área de tu vida.

No. Ya hemos visto que la vida no viene con manual de instrucciones y que esto es “lo normal”.

El problema del que nadie habla

El verdadero problema está en que, cuando necesitas claridad, foco y dirección en una situación compleja, no valen las soluciones mágicas y los consejos edulcorados que nadie se aplica.

Si quisieras una palmada en la espalda, te irías a un bar.

A veces, lo que necesitas es alguien que se siente contigo, te ayude a entender la situación y a valorar los pasos que puedes dar de ahí
en adelante.

Para mí, es como si durante un largo viaje por carretera te hubieras quedado clavado en tierra. Y, para salir de ahí lo antes posible, aceleras.

Pero cuanto más aceleras, más te clavas.

Más te hundes.

En esos casos, lo que necesitas para salir del bloqueo es alguien que tire te ti. Que te remolque, te señale el camino y te ponga de vuelta en la carretera: a seguir con tu camino.

Y eso es precisamente lo que te propongo aquí.

Coaching Intensivo 1 a 1

Recupera la claridad y la dirección en tu vida.

En esta sesión individual de 90 minutos, te ayudaré a salir de ese bloqueo que te está frenando ahora mismo.

¿Eso qué significa?

Pues que si sientes que te has quedado atascado en un área de tu vida y no sabes qué dirección tomar, yo te daré las pautas para desatascarte y recuperar el ritmo con la seguridad de estar tomando la decisión
que necesitabas.

Aquí no hay reglas. No hay temas “correctos” ni temas “incorrectos”.
Tendrás hora y media para hablar de lo que te de la real gana y exprimir el tiempo en busca de las respuestas y herramientas que te darán claridad de aquí en adelante.

¿Cómo lo hacemos?

1

Te envío un formulario con preguntas. Más de un cliente me ha dicho que simplemente con este proceso ya había amortizado de sobra la sesión de coaching intensivo.

2

Una vez lo hayas rellenado, si necesito hacerte más preguntas antes de la sesión, te enviaría un documento adicional. Esto lo hago para sacar el máximo provecho a la reunión.

3

Nos reunimos durante 90 minutos. Exploraremos juntos lo que es necesario para que te vayas de la sesión con una sensación de claridad, de saber lo que tienes que hacer y de ligereza al saber que esas dudas con las que llegaste se han esfumado.

ADEMÁS

Ahora ya sabes cómo despejar las dudas, ganar en claridad y salir del bloqueo. Pero recuerda que una cosa es saberlo… y otra decidir hacer
algo al respecto.

Preguntas frecuentes y no tanto.

Si lo que buscas es desbloquearte con un problema o una duda que te tiene un poco atascado y recuperar la claridad, sí. Para eso está pensada esta sesión de coaching.

Para ayudarte a entender qué es lo que te frena en tu situación y recuperar el ritmo.

En conclusión, si necesitas un empujón en un área concreta de tu vida, te lo digo sin rodeos: sí, esta sesión te va a ayudar a conseguirlo.

Lo entiendo. Sé que en momentos de duda es difícil apostar por uno mismo.

Y precisamente para eso es para lo que creé esta sesión de coaching intensivo: para apostar por ti, darte un empujón y recuperar el ritmo.

Por lo tanto, si crees que ahora mismo no estás preparado, no exprimirías del todo esta sesión o te supone un problema mayor enfrentarte a este bloqueo, es mejor que lo dejes estar y que des el paso cuando estés listo y te veas seguro.

Si quieres que trabajemos más a fondo en algún punto concreto de tu vida en una sesión adicional, tendrías un 50% de descuento para todas las sesiones siguientes que quieras reservar.

Individual.

Estaremos tú y yo, solos, durante 90 minutos para recuperar la claridad y la dirección en tu vida.

¿Estás preparado?

Coaching Intensivo 1 a 1

Recupera la claridad y la dirección en tu vida.

199€